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CENTRO VETERINARIO LA ESTRELLA

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domingo, 17 de noviembre de 2013

PARASITOSIS EN FAUNA CINEGETICA


La importancia de la salud de los animales de las especies cinegéticas es fundamental en todos los aspectos, desde la gestión de los cotos hasta la calidad de la carne que llega al consumidor final. Y uno de los agentes patógenos que merman su salud son los parásitos. Hasta hace no mucho tiempo, las enfermedades de estos animales (incluidas las de etiología parasitaria) eran importantes en cuanto a que eran susceptibles de transmitirse a la cabaña ganadera. Hoy en día, sin embargo, y dada la importancia medioambiental y socioeconómica que ha adquirido la actividad cinegética y las especies que la integran, ese concepto ha cambiado y este estudio se centra en las enfermedades en estas especies, incluso en la transmisión de las mismas desde la fauna doméstica.  De hecho, hasta hace unos años se pensaba que las parasitosis de los rumiantes domésticos eran causadas en un alto porcentaje por la transmisión de los rumiantes salvajes. Sin embargo hoy se sabe que muchos de ellos son específicos de estas especies y no afectan, o lo hacen ocasionalmente, a las especies domésticas.

La interacción entre los distintos tipos de animales pueden ser total, es decir, que los rumiantes domésticos y salvajes comparten el mismo medio, parcial, o sea, que comparten únicamente una parte del medio o que exista una relación ocasional donde rumiantes domésticos y salvajes no comparten el mismo medio, pero se pueden producir contactos ocasionales por la cercanía. A su vez habría que estudiarse de modo diferente si comparten ese territorio en el mismo momento o en tiempos distintos.


 

Unos de los factores más importantes en la transmisión de los distintos parásitos es la superpoblación que se produce en los cotos. Durante los últimos años sus poblaciones se han incrementado por la intensificación del uso de recursos silvestres en zonas economicamente deprimidas a las que han impulsado la actividad cinegética, el ecoturismo, etc. que incluso se ha visto incrementado por el apoyo de las administraciones a través de ayudas económicas en forma de subvenciones. La rentabilidad económica de la caza unida al sistema habitual de su práctica que es la montería, en la que prima el número de reses abatidas en detrimento de su calidad ha favorecido este aumento de población. Podemos hablar pues de que se está produciendo una intensificación de la producción cinegética, por el uso de mallas cinegéticas y el suministro de alimentación como se hace con las especies domésticas. Esto conlleva a que los elementos infestantes por superficie sean muy elevados, aumente por tanto la carga parasitaria del medio y produce inmunodepresión del organismo, lo que conlleva que los parásitos no encuentren defensas contra ellos que impidan su difusión en el interior de los organismos.

Estas parasitaciones provocan en definitiva pérdidas económicas por distintos motivos como pueden ser, retraso del crecimiento de animales jóvenes, lo que conlleva la obtención en un futuro de hembras con índices reproductivos menores, es decir, mayor infertilidad de hembras primíparas, mayor tasa abortiva, etc  y machos con trofeos de peor calidad por verse afectado el proceso de absorción de sustancias para la formación de la cuerna por este déficit del desarrollo en edades tempranas

En algunas zonas, los agentes de enfermedades infecciosas y parasitarias pueden circular entre las poblaciones salvajes y domésticas sin causar en ellas un excesivo impacto. Los microorganismos y los parásitos que se han adaptado de forma natural a la fauna salvaje y a los animales domésticos rara vez constituyen un riesgo sanitario para estos hospedadores. Sin embargo, cuando el ecosistema es alterado por la intervención del hombre, y de forma muy notable cuando este desequilibrio se debe a la incorporación masiva de otras especies animales, existe el peligro de introducir nuevos agentes de enfermedad a los que los domésticos o los salvajes no están adaptados.  Uno de los mayores errores que se cometen hoy en día es el gasto de partidas presupuestarias ingentes para controlar distintas enfermedades de las especies domésticas como son  las campañas de saneamiento ganadero, y se resta importancia a las especies salvajes. Son necesarias estrategias de control innovadoras que impliquen no solo a los animales domésticos, sino también a los salvajes.  Tal sería el caso de la tuberculosis que aunque no es de etiología parasitaria si son más susceptibles de padecerla animales inmunodeprimidos por la acción de parásitos. Si se destinan cantidades enormes de dinero para su erradicación con el sacrificio de bovinos positivos, los animales resultantes negativos que quedan en la explotación pueden volver a contagiarse de tuberculosis por los cérvidos que comparten con ellos el mismo espacio y que no están sometidos a estas pruebas de control antituberculoso.

 

Sería imposible intentar abarcar en estas pocas líneas el abanico de parásitos susceptibles de infestar las especies cinegéticas, no sólo por la gran cantidad de ellos que existen sino porque puede ser un campo bastante árido para todo aquel que no sea estudioso de los mismos, por lo que nos centraremos en aquellos que sea de mayor utilidad para el cazador y el amante de la naturaleza conocer. Los parásitos se pueden clasificar en endoparásitos y ectoparásitos, atendiendo al lugar del organismo que invaden. Así, los endoparásitos cierran su ciclo biológico en el interior del organismo del animal, generalmente en aparatos digestivo o respiratorio, aunque los hay que invaden cerebro, musculatura, etc.  Los ectoparásitos, sin embargo, viven en contacto con el exterior de su hospedador.

Si se comparan las cargas parasitarias entre rumiantes domésticos y silvestres veríamos que en estos son menores por la mayor resistencia del ciervo ibérico a ser invadido por ciertos parásitos, a la diferencia entre los sistemas de alimentación de ambos, y a la carga ganadera que soportan los distintos tipos de ganadería en el territorio en que se ubican. De nosotros depende que los dos últimos factores no viren hacia lo que ocurre en ganadería por la intensificación que hemos visto anteriormente que estamos provocando.

 Un aspecto importante a tener en cuenta es que la distribución geográfica de los parásitos internos varía porque está determinada por el clima, ya que en una de las fases de su vida viven en el medio ambiente. Por tanto las épocas más favorable para el desarrollo de las larvas en el exterior son aquellas en que existe mayor humedad y temperaturas no extremas, entre 15 y 25º C, es decir, primavera y otoño. Por tanto estas son las épocas de mayor riesgo de infección. En los veranos secos y calurosos de Castilla la Mancha la actividad parasitaria es menor por las condiciones más extremas. Si se produce pastoreo de especies domésticas en las zonas de tránsito de los ciervos se pueden potenciar las parasitosis.

Si estas parasitosis provocadas en gran medida como hemos venido diciendo por la intensificación son tratadas, como se hace en muchas ocasiones sin un diagnóstico previo a través de análisis coprológicos de los parásitos que en mayor medida están provocando la patología y con tratamientos mal utilizados lo único que se consigue es agravar el problema existente porque puede tener consecuencias como las resistencias de los parásitos o incluso mortalidad de animales. El manejo sanitario de animales como el ciervo no se puede comparar al de un rumiante doméstico, por tanto la dificultad que tiene la instauración de programas sanitarios y de desparasitaciones periódicas de estos animales es mucho mayor. Por ello es importante aprovechar al máximo cualquier oportunidad de realizarlo como puede ser en los cajones o mangas cuando se realizan las repoblaciones o reposiciones anuales. Siempre debe ser un tratamiento vía parenteral para evitar situaciones de estrés. El resto de población debe ser desparasitada vía oral a través del pienso administrado. Pero esta desparasitación debe hacerse de manera racional con dosis estudiadas para una determinada población, en las épocas en que las cargas parasitarias son más elevadas como hemos visto anteriormente, y teniendo en cuenta otros factores como los momentos en que los animales están más débiles y son más sensibles a ser parasitados, como épocas de berrea para los machos o período post parto en hembras.

En primavera la desparasitación debe ir más dirigida al tratamiento de parásitos internos, sobre todo teniendo en cuenta que es época de paridera, desmogue, etc. Sin embargo en otoño algunos ectoparásitos como es el caso de la sarna están en fases avanzadas de su ciclo, por lo que hay que complementar el tratamiento con otros antiparasitarios como las ivermectinas y derivados.  La sarna sarcóptica es una enfermedad parasitaria causada por el ácaro Sarcoptes scabiei. Este pequeño artrópodo puede parasitar multitud de especies de mamíferos tanto animales domésticos como silvestres, incluido el hombre. En 1987 apareció el primer foco de sarna sarcóptica en la cabra montés del Parque Natural de Cazorla. En esta misma zona, también se han detectado casos de sarna en el ciervo, gamo y muflón que convivían con las cabras afectadas. En 1993, apareció un brote de sarna sarcóptica en los rebecos en el Principado de Asturias. Este proceso afecta también al ciervo y al corzo, pero con una prevalencia mucho más baja. Tanto en el caso de la cabra montés como en el del rebeco, el origen de la enfermedad se cree que fue a partir de cabras domésticas infestadas. Diversos estudios han demostrado que esta enfermedad de la fauna silvestre procede de las cabras domésticas.

Otro de los parásitos más comunes y llamativos por su carácter de ectoparásito es la garrapata. Las garrapatas pueden parasitar una gran variedad de hospedadores. Durante alguna fase de su ciclo evolutivo la mayor parte de las garrapatas pasan una parte de su vida en el suelo. De esa relación entre su hospedador y el medio donde se deposita radica la importancia de estos arácnidos hematófagos como parásitos y como vectores. La acción patógena de las garrapatas radica no sólo en la acción de la extracción de sangre de su hospedador sino en la transmisión de enfermedades al mismo (que a su vez facilita la transmisión de agentes patógenos entre animales domésticos y salvajes) y la acción lesiva sobre la piel de éste.

Hasta ahora nos hemos centrado en los parásitos que afectan a los grandes rumiantes, pero hay un parásito invisible que afecta al jabalí, que por su carácter zoonósico y terribles efectos sobre el ser humano nos preocupa especialmente. Se trata de la triquinosis.

Es una zoonosis que está muy difundida en casi todo el mundo, su nombre vulgar más común, es el de triquinosis, aunque la denominación correcta es triquinelosis. Esta confusión en la denominación proviene del vocablo genérico Trichina, con el que se designaron originalmente a los agentes productores de la afección. Pero este nombre se utilizó para designar a un género de dípteros. Se propuso entonces el nombre Trichinella para clasificarlo, de allí su verdadera denominación actual.

La triquinelosis es una parasitosis que afecta a mamíferos y se transmite por carnivorismo. Cursa con fiebre, mialgias, eosonofilia elevada y signos oculopalpebrales. Este parásito tiene una amplia gama de huéspedes además del hombre, compuesta por animales domésticos y silvestres. Este nematodo es un gusano de pequeñas dimensiones, cuyo macho es de aproximadamente 1,5mm de longitud, mientras que la hembra puede alcanzar cuatro mm. La “cabeza” presenta un minúsculo punzón. En su estadio adulto ambos sexos viven en el primer tramo del intestino  delgado de sus huéspedes. Estos helmintos pueden parasitar cualquier mamífero, incluso ser encontrados en el cuerpo de las aves. Incluso se ha demostrado con algunos experimentos  que la trichinella spiralis puede desarrollarse hasta en animales de sangre fría(anfibios, reptiles, etc.) con tal de que la temperatura ambiente sea lo suficientemente elevada.

En la epidemiología de la enfermedad humana el cerdo y el jabalí juegan un papel de fundamental importancia. De hecho, en la mayor parte de los casos el hombre  contrae la parasitosis comiendo carne de este mamífero que, sobre todo en algunos países, esta  frecuentemente  infectado por trichinella spiralis.

El ciclo biológico del parásito es muy simple. Los adultos se establecen en la mucosa del intestino delgado del animal huésped y rápidamente se acoplan. El macho, una vez efectuada su función sexual, concluye su propia existencia y es eliminado con las heces, mientras que la hembra, después de un par de días, comienza a excretar microscópicos embriones, de una longitud de cerca de cien micras. Estos (a excepción de algunos individuos que accidentalmente van a caer a la luz intestinal y son expulsados) alcanzan los vasos linfáticos de las paredes intestinales y las venas mesentéricas, transportadas así, pasivamente llegan al corazón y, después de haber superado el filtro pulmonar, se distribuyen con la sangre arterial por todo el organismo.

En los animales infestados se ha demostrado la existencia de larvas de nemátodos en cualquier órgano o tejido, pero solo aquellos que llegan a los músculos estriados, por  los cuales poseen  una marcada atracción, tienen la probabilidad de desarrollarse. Concretamente, los territorios preferidos por la trichinella spiralis son el diafragma, la lengua, los bíceps, los músculos laríngeos, masticatorios, intercostales y abdominales. No son raras las localizaciones en los músculos del globo ocular. Introducidas en el tejido muscular,  las jóvenes larvas se nutren y comienzan a crecer. Pueden llegar a alcanzar un tamaño máximo de un milímetro y enrollándose sobre si mismas, en forma de espiral, se inmovilizan y se enquistan en el músculo. En realidad  son los mismos tejidos del huésped los que, por reacción, forman una cápsula fibrosa en doble capa que aísla al parásito. Estas cápsulas (o quistes), que son aproximadamente de 0,5 mm de  largo, tienen una forma que recuerda a la de un limón de pequeñísimo tamaño. Alojada en la envuelta muscular, la larva de trichinella no puede evolucionar posteriormente en el mismo huésped. En estas condiciones sobrevive durante algunos años: parece que en el hombre puede superar incluso diez años. Al pasar el tiempo intervienen procesos de calcificación que no siempre la destruyen. Las larvas encapsuladas poseen de hecho una notable resistencia e incuso después de la muerte del huésped, en su carne putrefacta, mantienen su propia vitalidad durante un periodo que va de sesenta días a noventa días. Esto nos da la idea de la importancia que tiene en un coto la mala gestión de los cadáveres o subproductos de la actividad cinegética.

La larva de trichinella spiralis reemprende su curso normal si el músculo que contiene el quiste es ingerido por un nuevo huésped (hombre u otro carnívoro) En estos casos los jugos gástricos e intestinales digieren las paredes de la cápsula, liberando la larva infestante; esta se fija la mucosa del intestino delgado, donde se nutre ingiriendo los distintos componentes nutritivos. Su crecimiento es muy veloz y los gusanos se hacen adultos, y por lo tanto sexualmente maduros, en dos o tres días.  Al cuarto o quinto día las hembras empiezan a parir los embriones y estos alcanzan su máxima concentración en la sangre entre el octavo y el vigésimo octavo día. Ya hacia el duodécimo día de la ingestión infestante es posible encontrar las primeras larvas en los músculos del nuevo huésped mientras que el enquistamiento se complementara alrededor de la octava semana o incluso más tarde.

 

 

Observando  del ciclo biológico de la trichinella spiralis podemos ya intuir los fenómenos patológicos provocados por el parásito en el organismo humano. La triquinosis se caracteriza  principalmente por dos síntomas: uno intestinal, por la presencia de los parásitos adultos (sobre todo hembras fecundadas) en el intestino delgado, y otro muscular, causado por la invasión de los músculos estriados por parte de las larvas. Este último síndrome es el más importante y característico. Además hemos de tener en cuenta que los embriones, en su recorrido a través del torrente circulatorio, pasan por los capilares pulmonares y las cavidades cardiacas,  por lo que también pueden provocar manifestaciones patológicas en estos órganos. Además, como hemos dicho, la sangre arterial distribuye  los embriones en los más diversos órganos y tejidos, aunque la localización más útil para el desarrollo del parásito está representada en la musculatura estriada. Por lo tanto, podemos encontrar lesiones provocadas por estos parásitos errantes en muy diversas localizaciones.

Para comprender mejor la patología de la triquinosis debemos también tener presente que estos parásitos, tanto en su estado larval como en el estado adulto, ejercen una notable acción tóxica sobre el organismo del hospedador. De hecho se ha visto que animales de laboratorio a los que se les ha inyectado un extracto obtenido a partir de trichinella spiralis han muerto. Además en la sangre de los individuos afectados por triquinosis es posible encontrar anticuerpos antitóxicos, y está demostrado que su orina contiene sustancias toxicas elaboras por el helminto

Algunas manifestaciones de la enfermedad parecen tener un origen alérgico. Generalmente los efectos lesivos son tanto más graves caunto mayor es la carga de larvas infectantes. Esta puede ser importante si se piensa que en caso de infestaciones masivas un solo gramo de chorizo puede contener entre 1500 y 3000 quistes.

 

Una vez ingerida la carne infectada ocurren una serie de fenómenos patológicos. Durante la primera semana la presencia de millares de gusanos en el intestino provoca una enteritis catarral, es decir, una inflamación de la pared interna del intestino con formación de moco y eventuales hemorragias de pequeña entidad. Los síntomas posibles consisten en náuseas, vómitos, dolores abdominales, diarreas, fiebre elevada, manifestaciones cutáneas urticariales y posteriormente edema de la cara y de los párpados. Los fenómenos tóxicos y alérgicos se acentúan en las dos semanas posteriores, durante la migración de las larvas por el torrente circulatorio y su asentamiento en los músculos.

 

Algunas larvas, a su paso por la luz de los capilares pulmonares, pueden salir y causar pequeños focos hemorrágicos, bronquitis, bronconeumonías y, aunque son más raros, infartos y embolias pulmonares. Las larvas migrantes causan a veces trastornos cardíacos transitorios pero los parásitos no llegan a enquistarse en el corazón. La taquicardia, hipotensión y debilidad del pulso, con tonos cardíacos apagados, son los síntomas clínicos más comunes que aparecen cuando se realiza el electrocardiograma

 

A veces sucede que la sangre arterial distribuye un cierto número de larvas incluso al sistema nervioso central con las consiguientes reacciones inflamatorias que se traducen en meningitis, en el encéfalo, cerebelo y en la médula espinal, trombosis capilares, etc. La cefalea, rigidez de la nuca, somnolencia y desorientación son síntomas neurológicos frecuentes en estas formas. A veces la sintomatología puede confundirse incluso con una enfermedad mental.

 

También los ojos, médula ósea, hígado, vesícula biliar, páncreas, riñones, testículos, vejiga y otros órganos pueden presentar alteraciones debidas a la presencia de larvas errantes. Con frecuencia se encuentra afectación de los ojos con un síntoma particularmente importante y característico: el edema extraorbitario que provoca la inflamación del párpado y que se manifiesta precozmente. Lo acompañas dolores oculares. Pero la localización principal del parásito son las fibras musculares que se hinchan y comienzan a degenerar, perdiendo la estriación característica. Las fibras degeneradas forman una parte de la capa externa del quiste que cierra el parásito.

 

La sintomatología ligada a la invasión muscular es la de una miositis aguda con síntomas parecidos al reúma con fiebre, dolor intenso y un impedimento transitorio de la función de los músculos afectados. Se suele asociar un edema generalizado que está provocado por las sustancias de origen parasitario. En las infestaciones masivas, graves, el pronóstico es nefasto y la muerte sobreviene dentro de las cuatro o seis semanas. Entre las causas de muerte figuran las bronconeumonías, insuficiencia cardíaca, meningitis, encefalitis, etc.

. La mortalidad puede variar del 0 al 35%. Los individuos que superan el período crítico de la enfermedad, después de la sexta semana evolucionan hacia una lenta curación. Los dolores musculares pueden persistir durante dos o tres meses. Afortunadamente en la mayor parte de los casos la infestación es de leve importancia, pudiendo incluso llegar a ser asintomática o presentarse con una sintomatología vaga y poco importante. Es normal que no se reconozca el origen real de los trastornos vagos y transitorios. El diagnóstico se puede realizar tomando una muestra de una minúscula porción muscular (biopsia) para buscar los eventuales parásitos enquistados. Se puede incluso recurrir al xenodiagnóstico, haciendo ingerir a un ratón de laboratorio un fragmento de músculo afectado. Si éste contiene larvas enquistadas, el ratón contrae la parasitosis y la autopsia del animal (aconsejable después de un mes) demostrará la presencia de los quistes en el nuevo huésped. También para la triquinosis, como para muchas otras enfermedades, han sido puestas a punto distintas reacciones serológicas capaces de poner de manifiesto la existencia de anticuerpos específicos

No existe todavía un fármaco para el tratamiento de la triquinosis. En los raros casos en los cuales se diagnostica a tiempo la enfermedad, es decir cuando todavía los nematodos se encuentran en el intestino, éstos pueden ser expulsados, al menos en parte, gracias al empleo de purgantes y vermífugos

La gravedad de la enfermedad requiere una medida terapéutica para aliviar los síntomas y situar al paciente en condiciones de superar el estado más peligroso. Son muy útiles algunos fármacos antiinflamatorios

Las carnes parasitadas por larvas vivas de T. Spiralis representan el material infestante. Todavía algunos autores sostienen que también las heces de animales no receptivos que han devorado carne contaminada pueden contener larvas infestantes y deben por lo tanto figurar entre las posibles fuentes de infestación. Este es el caso de ciertas aves carnívoras y las rapaces, que diseminarían con sus propias deyecciones larvas que pueden infestar un nuevo huésped. Incluso algunos insectos que se nutren de carroña se comportarían de forma análoga. En casos extremadamente raros se pueden dar en el hombre infestaciones congénitas por transmisión de la larva de la madre al feto. Esta posibilidad ha sido confirmada experimentalmente en las cobayas.

En la actualidad el control de la triquinosis es bastante eficaz. Incluso se ha modificado la legislación para que toda carne de jabalí abatida en una actividad cinegética y destinada a la comercialización no pueda ser considerada apta para el consumo si no es diagnosticada la presencia del parásito con un medio de digestión artificial. Es decir que no se puede buscar la existencia de triquina con el método tradicional del triquinoscopio. Incluso la carne destinada al autoconsumo en la que se diagnostique la no existencia de triquinosis por el método tradicional, no podrá ser destinada para consumo si no sufre un tratamiento térmico que garantice su destrucción  De hecho las cabezas de los jabalíes que se destinan a trofeo deben estar localizadas en todo momento con un documento firmado por el veterinario colaborador y el cazador donde se indica el establecimiento de taxidermia donde se deposita esa cabeza para ser disecada, además de portar un precinto individual para evitar confusiones.

 

Con esto hemos hecho un repaso de la importancia de las parasitosis en la fauna cinegética y las consecuencias que como zoonosis tienen en el ser humano, sobre todo la triquinosis. Como conclusión podemos decir que es responsabilidad de los propietarios de cotos cinegéticos la correcta gestión sanitaria de los mismos para evitar la proliferación de las infecciones.  De este modo una adecuada aplicación de medidas de limpieza y desinfección de mangas, locales, parques, etc. y sobre todo de los espacios reservados a la evisceración de las reses abatidas, es de vital importancia, así como la destrucción higiénica de cadáveres, el respeto de períodos de cuarentena de animales que se introducen en los cotos siendo observados en espacios concretos como parques para la observación de procesos patológicos que puedan aparecer antes de su contagio al resto de animales. Además existen una serie de factores que pueden parecernos de escasa importancia y que sin embargo pueden ser determinantes en la resistencia de los animales frente a procesos patológicos y parasitarios, como puede ser el control de charcas y cloración de aguas, la restricción de los abonos procedentes directamente de deyecciones de rumiantes domésticos, aplicación de protocolos de desinfección, desinsectación y desratización en locales e instalaciones, control de la calidad de los piensos, etc

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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