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CENTRO VETERINARIO LA ESTRELLA

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jueves, 5 de noviembre de 2009

Displasia de cadera

El término displasia procede del griego “dys” dificultad y “plasso” o “platto” formas, consecuentemente el término displasia hace referencia a la dificultad en formarse bien.
Las primeras referencias de displasia de cadera nos trasladan hasta el año 1935 en Estados Unidos a cargo de Schnelle, siendo hoy día una de las enfermedades ortopédicas que más incidencia tiene en nuestros cánidos.
Pero, ¿Cómo podríamos definir la displasia de cadera? La displasia de cadera es una malformación heredable de la articulación, en la que el acetábulo y la cabeza femoral no concuerdan mutuamente entre sí en su forma. A esto lo denominamos incongruencia articular, sub-luxación o laxitud articular, con desarrollo posterior de evidentes signos de deformación (osteoartrosis) que va de leve a muy grave debido al juego (movimiento) o golpe producido por esa falta de coaptación de las superficies en contacto.
En cuanto a las causas que producen la displasia es de gran importancia el elevado factor genético, es una enfermedad altamente heredable pero no es una enfermedad congénita, es decir, los cachorros nacen normales con sus caderas congruentes pero durante el desarrollo empiezan a producirse alteraciones. Estas alteraciones son indetectables hasta que el cachorro alcanza la edad de 5 o 6 meses, lo que supone un grave problema para los criadores pues a estas edades los cachorros ya han sido traspasados a un nuevo propietario. No obstante, el comprador debe ser advertido sobre el estado de la displasia de cadera del perro que desee adquirir.
En cuanto a predisposición la displasia de cadera puede presentarse en cualquier raza, si bien, es cierto que hay una mayor incidencia en razas grandes y gigantes, de crecimiento rápido, (San Bernardo, Pastor Alemán, Labrador, Rottweiler, Mastín, Terranova, Golden Retriever…) donde la heredabilidad juega un papel muy importante. Pero teniendo en cuenta que estamos hablando de una enfermedad del desarrollo no debemos de quitarle peso a la enorme importancia que juegan los factores ambientales siempre dentro de las posibilidades de su genética. De acuerdo a estudios realizados por la OFA (Fundación ortopédica para Animales en EE.UU. por más de 20 años) los rangos de displasia van desde los más bajos: 0.6 % para el Borzoi a un 46.9 % para el San Bernardo.
Como factores ambientales son de destacar:
La nutrición: Se ha demostrado que el sobre consumo, aún dentro de las primeras dos semanas de vida pueden afectar significativamente el resultado de la conformación de las caderas de un cachorro. Muchas perras grandes y gigantes producen demasiada leche por lo que puede ser recomendable hacer un seguimiento de la tasa de crecimiento de los cachorros y evitar los problemas de sobrealimentación, diarrea y cólicos.
El ejercicio: Los perros con disponibilidad de jugar y correr numerosas veces a lo largo del día crecen más lentamente, ya que mucho del alimento que ingieren se gasta en juego y ejercicio, rara vez sufren lesiones debido a un buen desarrollo de la musculatura teniendo las articulaciones de la cadera simétricas. Por otro lado donde el ejercicio se tiene lugar muy pocas veces al día siendo este además muy brusco y extremo da lugar a un crecimiento mucho más rápido del animal, las lesiones suelen ser mucho más frecuentes al igual que frecuentemente los acetábulos poseen diferentes profundidades, es decir, el crecimiento del perro no es acorde a su propia fisiología.
En caso de poseer una predisposición genética a padecer displasia de cadera estos factores ambientales, si son favorables, pueden hacer que se produzca una atenuación o retraso en la sintomatología, por el contrario, si son desfavorables conllevaran al inicio de los signos y de los síntomas clínicos.
La displasia de cadera siempre se va a desarrollar en la fase de crecimiento del animal pero la clínica puede dar la cara tanto en la etapa de cachorro (pacientes de 5 a 10 meses) como en la etapa de adulto (pacientes con enfermedad articular degenerativa crónica).
Los signos clínicos pueden variar en función de la edad del paciente, en animales jóvenes incluyen:
-Dificultad para incorporarse después del reposo.
-Intolerancia a la actividad física.
-claudicación (dolor durante la marcha) intermitente o continua.
En animales adultos con enfermedad articular degenerativa crónica los signos observables son:
-Dificultad en la incorporación
-Intolerancia a la actividad física
-claudicación posterior al ejercicio
-Atrofia de la musculatura pélvica
-Ambulación tambaleante debido al movimiento anormal de los miembros posteriores.

Con frecuencia los pacientes llegan a consulta por una cojera que empeoró repentinamente durante o después de una actividad forzada o lesión.

A la exploración física los hallazgos incluyen dolor durante la rotación externa y abducción de la cadera junto con una musculatura pélvica escasamente desarrollada, igualmente observamos una laxitud coxofemoral y por lo general el ligamento redondo (el cual une la cabeza del fémur con la fosa del acetábulo) se encuentra desgarrado. En animales adultos encontramos dolor durante la extensión de la articulación, un rango de movimientos muy reducido, atrofia de la musculatura pélvica, no suele haber laxitud articular debido a la respuesta fibrosa proliferativa pero en la manipulación articular puede notarse crepitación.

Para lograr un diagnostico correcto y totalmente objetivo es necesario la realización de una placa radiográfica. Para realizar correctamente esta radiografía debemos de seguir una serie de normas radiográficas las cuales son válidas a nivel internacional:
Sedar al animal.
Colocar la cadera lo más cerca posible de la placa radiológica, dorso-ventralmente.
Simetría total de las dos caderas.
Alas iliacas y agujeros obturadores iguales.
Extensión de los miembros posteriores.
Girar los miembros posteriores medialmente, de forma que las rodillas reciban la radiación perpendicularmente.
Obtener un buen cliché radiológico.
Uno de los métodos comúnmente empleados para la cuantificación del grado de displasia de cadera que puede presentar un animal es mediante la utilización del ángulo de Norberg. Norberg describió que el ángulo de la línea de unión de los centros de ambas cabezas femorales y el borde anterior del acetábulo en la articulación femoral sana es de 105° o más, y a este ángulo se le denomina ángulo según Norberg. Por el contrario si el ángulo es menor de 105º la articulación de la cadera se considera displásica, en mayor grado cuanto menor sea el ángulo. Aparte de este ángulo también hay que tener en cuenta las superficies articulares, el grado de luxación, la congruencia articular…etc.; todos estos factores se agrupan en tablas que miden el grado de displasia de cadera que presenta un animal, como las propuestas por Schuelle (1954), Piehler (1967) y Mueller y Saar (1966). En perros jóvenes en conveniente hacer un seguimiento exhaustivo de la evolución de la articulación.
Otros métodos de diagnostico son la RNM, el TAC, y la Artroscopia. Este último método nos permite valorar in situ las superficies articulares así como la capsula articular pudiendo incluso biopsiar las mismas.
En cuanto a la elección del tratamiento a seguir es fundamental estudiar cada caso por separado teniendo en cuenta la gran diversidad de factores que pueden declinarnos hacia unas u otras pautas terapéuticas. Fundamentalmente podemos dividir el tratamiento en dos tipos: conservador y quirúrgico.
El tratamiento médico o conservador dependerá de factores como la edad del paciente, el grado de malestar, hallazgos físicos y radiográficos así como las expectativas y economía del propietario. Aun cuando la intervención quirúrgica temprana incrementa el pronóstico para una función clínica aceptable a largo plazo, aproximadamente el 60% de los pacientes jóvenes tratados en forma conservadora retornan a una función clínica adecuada con la madurez. El resto requiere manejo medico o quirúrgico en algún momento de su vida. La cirugía se indica cuando el tratamiento conservador no es efectivo, se desea un rendimiento atlético o en pacientes jóvenes cuando el propietario desea retardar la progresión de la enfermedad articular degenerativa y aumentar la probabilidad de una buena función del miembro a largo plazo.
El reposo completo es fundamental y debe ser forzado durante 10-14 días. El calor húmedo sobre la articulación es de beneficio, pero se debe tener cautela para evitar quemar la piel (probar primero sobre la piel de uno mismo). Una vez que la articulación y los músculos están calientes se realizan movimientos de las articulaciones del miembro afectado de tal forma que se vaya aumentando el rango de movimiento hasta llegar al máximo tolerado por el paciente.
El tratamiento conservador a largo plazo también comprende el control de peso y el ejercicio. La actividad física es de vital importancia, por lo tanto los paseos prolongados y sobre todo la natación contribuyen a un mantenimiento de la musculatura, a un control del peso y en general a un buen mantenimiento de la articulación.
Los antiinflamatorios se indican para aliviar el dolor y facilitar la terapia física, sin embargo estos aumentan el bienestar del paciente dificultando el reposo forzado, por lo tanto el propietario debe de ser advertido para continuar el periodo de reposo incluso si el paciente parece haber retornado a la función normal. En cuanto a la elección del antiinflamatorio este debe de suponer el menor daño gastrointestinal posible (carprofeno por ej.) y siempre a la dosis terapéutica efectiva más baja posible y en combinación con el alimento. Junto con los antiinflamatorios es de buena elección la administración de glucosamina y condroitin sulfato, estos son usados juntos para el tratamiento de los síntomas de la osteoartritis pues previenen el desgaste y ruptura del del cartílago y promueven la regeneración de las estructuras desgastadas. A día de hoy se sabe que las vitaminas C y E también tienen un importante papel en la conservación de la estructura cartilaginosa.
En el tratamiento quirúrgico debemos de valorar a cada animal y siempre se realizara la técnica más simple y resolutiva al problema. En cuanto a técnicas quirúrgicas podemos destacar la osteotomía pélvica, osteotomía femoral, prótesis de cadera total y osteotomía de la cabeza femoral.
En la lucha contra la displasia de cadera el éxito depende del criterio de selección aplicado. La decisión sobre la intensidad a que puede o debe seleccionarse contra la displasia de cadera, la debe tomar cada uno de los clubes de perros de raza. Aquí deben tomarse en consideración la extensión de la displasia de cadera dentro de la raza y la base existente para la crianza, es decir, el tamaño de la población canina que se disponga para la crianza. Cuanto más rara es la displasia de cadera dentro de la raza y mayor es la base de crianza, tanto más estrictamente puede llevarse a cabo la selección. Durante muchos años, AVEPA estuvo luchando para que la displasia de cadera fuera motivo excluyente de reproducción. De todas formas, no es de esperar un éxito rápido a base de seleccionar, y las medidas reproductoras han de ser controladas e intensificadas.

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