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martes, 30 de junio de 2009

Sarna






Con el aumento de las temperaturas se observan ciertas patologías emergentes en la época estival y que afectan especialmente a colectividades caninas como rehalas, principalmente por su carácter contagioso, y entre las más importantes se encuentra la sarna.
Está producida por ácaros que parasitan distintas capas de la piel y del oído externo. Son un orden de artrópodos que pertenecen a la clase Arachnida (arácnidos, con ocho patas), es decir igual que las arañas. La mayoría de los ácaros son microscópicos y no se ven a simple vista. Dependiendo del tipo de ácaro, que además determina la localización de las lesiones, puesto que distintos ácaros tienen tendencia a parasitar distintas zonas del cuerpo del animal, tendremos definidas los distintos tipos de sarna. Por ello dependiendo de las lesiones observadas en un perro y su localización podremos hacer un diagnóstico prematuro del tipo de sarna ante el que nos encontramos. Aunque esto es muy relativo puesto que las patologías de la piel de nuestros animales son muy variadas y es muy importante recurrir a estudios laboratoriales y cultivos para el diagnóstico diferencial con ciertas dermatitis, lesiones causadas por hongos como la tiña, alergias a picadura de pulgas, atopias, etc.
Los ácaros más frecuentes diagnosticados en la sarna canina son tres. El demódex , el sarcoptes y el otodectex. Cada uno de ellos provoca, respectivamente, la sarna sarcóptica, la sarna demodécica y la otodéctica.
Como hemos indicado anteriormente, la sarna sarcóptica, es una enfermedad contagiosa que se transmite de unos animales a otros. La forma de contagio es por contacto directo entre individuos. Incluso podría contagiarse a las personas por lo que se podría considerar zoonosis, es decir enfermedades que se transmiten de animales a personas directamente. Pero a diferencia de las sarnas propias del humano, los ácaros de perros y gatos no hallan en las personas un medio adecuado para sobrevivir, y a consecuencia de ello no se reproducen ni producen las lesiones de piel tan llamativas que veremos a continuación
Las lesiones en humanos por sarna de perros y gatos se limitan a pequeños eccemas, a veces con pequeños puntos de pus. El picor es muy intenso, y el rascado puede arrastrar al ácaro hacia otra porción de piel, donde formará una nueva lesión.
Pero si no tenemos contacto directo con el animal, es decir, no dejamos que sigan atacándonos sus ácaros, aquellos que han provocado los eccemas mueren a los pocos días. Se ha comprobado que mojando la lesión de la piel con un algodón empapado en loción para piojos es suficiente para matar los ácaros que producen la lesión, aunque, por supuesto, lo más recomendable es acudir al médico para que aplique el tratamiento (normalmente de uso tópico) adecuado.
Vamos a estudiar los tres tipos de sarna por separado. En cuanto a la sarna sarcóptica, la localización del ácaro, y por tanto de las zonas lesionadas, se produce en las zonas con menos pelo, como márgenes de las orejas, codos, región del abdomen, axilas y rodillas.
Los primeros síntomas de sarna sarcóptica acos­tumbran a ser unas minúsculas pápulas eritematosas, costras de una tonalidad grisácea amarillenta, y prurito en las zonas mencionadas. La piel adyacente, en par­ticular la del abdomen ventral, está afectada y finalmente puede producirse una enfermedad generalizada. El prurito es intenso y puede que no remita. El autotraumatismo que se produce el animal debido a ese picor intenso da lugar a una alopecia en manchas y puede inducir a exco­riaciones graves. Con el tiempo se produce pérdida de peso del animal y afección de los ganglios. Todo este mecanismo es desencadenado por la actividad propia de los ácaros que excavan unas galerías en el interior de la piel y que usan para reproducirse. Esto provoca una reacción de la misma con la formación de pequeños nódulos y pústulas y posteriormente un engrosamiento de la misma y su descamación que da el aspecto típico de esta enfermedad. Estos microtraumatismos que causa el parásito son aprovechados por bacterias patógenas que pueden provocar infecciones secundarias, agravando el proceso.
Una evaluación cuidadosa de la anamnesis y la consideración de la sintomatología clínica a menudo nos permitirá establecer una suposición de diagnóstico de sarna. El diagnóstico se confir­ma identificando el acaro, o sus huevos, en raspa­dos cutáneos. Este último paso puede ser difícil y se necesitarán exámenes microscópicos de múlti­ples raspados cutáneos y técnicas bastante específicas. La presencia de un reflejo de ras­cado en la oreja es altamente sugestiva aunque no patognomónico de sarna, es decir que no da un diagnóstico definitivo.
El tratamiento con acaricidas, es decir sustancias que destruyen a los ácaros, del animal afectado y de todos los que están en contacto con él suele ser eficaz y conllevar la curación definitiva del animal. Suele necesitarse un trata­miento con organofosforados tópicos, amitraz o ivermectina sistémica, es decir inyectada y separado el tratamiento por un intervalo de unas dos semanas. Esto tiene sentido en cuanto a que la eliminación de los ácaros se produciría en este primer tratamiento y quince días más tarde se procede eliminar una segunda generación de ácaros residuales procedentes de los huevos de los ácaros eliminados. La ivermectina está contraindicada en las razas de Collie y sus cruces, y algunas otras. Las pipetas de fipronil también pueden ser eficaces. También se recomienda la aplicación de un acaricida adecuado para el medio donde viven los animales, pues­to que los ácaros tienen una cierta capacidad de supervivencia durante periodos cortos fuera del hospedador. Hemos de tener en cuenta que el picor hace que los animales se froten sobre distintas superficies, paredes, etc. y es ahí donde pueden quedar ácaros que hay que eliminar antes de que otro perro se roce con esas superficies contaminadas.
En cuanto a la sarna demodécica es importante señalar que es frecuente su aparición cuando existe una bajada de defensas del animal, ya que el ácaro puede vivir de una manera saprofita y asintomática en los individuos que lo mantienen controlado. Todos los perros criados normalmente por sus madres poseen este ácaro en su piel ya que los ácaros son transferidos de madre a cachorro durante los primeros días de vida. La mayor parte de los perros viven en armonía con estos parásitos, sin sufrir ninguna consecuencia en su salud. Pero si estas defensas disminuyen es cuando el parásito tiene vía libre para reproducirse y producir la sintomatología clínica
La sarna demodécica, a diferencia de la sarna sarcóptica, no se considera una enfermedad contagiosa y no se considera necesario aislar los perros afectados. Se ha estudiado la posibilidad de contagio de unos perros a otros pero si el animal a contagiar es un perro sano, con las defensas de su sistema inmune en buenas condiciones, los ácaros simplemente no son capaces de continuar dearrollándose y no se produce la enfermedad
Una dificultad añadida de esta patología es que los ácaros viven dentro de los folículos pilosos, cuya profundidad hace difícil que lleguen los productos acaricidas
Este hecho, además de complicar el tratamiento, también tiene como consecuencia que, generalmente, la sarna demodécica se complique secundariamente con una infección del folículo piloso (foliculitis), que tiende a generalizarse, que puede degenerar en furunculosis y que, en definitiva, agrava el cuadro clínico, complica el tratamiento y el pronóstico de esta enfermedad. Es importante diferenciar la sarna demodécica generalizada de la localizada porque ésta generalmente afecta a cachorros y se recupera en forma espontánea, sin tratamiento, en aproximadamente el 90% de los casos. Es muy importante, por lo tanto, distinguir entre una sarna demodécica localizada y una generalizada, ya que el pronóstico es totalmente diferente. Se manifiesta la localizada en la aparición de zonas sin pelo, redondeadas, en la cara, alrededor de los ojos o en el hocico y a veces en las patas o en el cuerpo. No son más de cuatro zonas alopécicas (un número superior a cuatro, se considera ya una sarna generalizada).
Sin embargo, en la sarna demodécica generalizada, el perro se ve afectado en varias partes del cuerpo, con caída del pelo, caspa, infecciones, mal olor etc. Existen distintas formas de presentarse la enfermedad, a veces, hay múltiples zonas con caída de pelo, en ocasiones hay infección secundaria con pústulas, furúnculos, exudado, picazón y mal olor.
Dentro de la generalizada aún podemos distinguir la que afecta a animales menores de 2 años y que denominamos juvenil, y la adulta, que como su nombre indica afecta a animales mayores. Y esta distinción es importante puesto que la adulta, generalmente es fruto de la bajada de defensas de la que hablábamos anteriormente y sería conveniente buscar una causa que la provocara como enfermedades crónicas, cáncer, tratamiento prolongados con corticoides, etc. Sin embargo la juvenil se ha visto que se producen aquellos animales jóvenes que genéticamente carecen de la capacidad de controlar la proliferación de este ácaro en su piel. Por eso se ha llegado a decir que era una enfermedad hereditaria. Sin embargo, lo que se hereda es la falta en el sistema inmune que controla el desarrollo del ácaro y por eso, miembros de la misma familia que no conviven juntos pueden padecer la enfermedad (recordemos que el ácaro pasa siempre de la madre al cachorro que con un sistema inmune no defectuoso no desarrolla la enfermedad). Cuando se observa este hecho sería recomendable que no tuvieran descendencia puesto que esta es la única manera de luchar contra la sarna demodécica juvenil. De hecho, en parte de Europa y Estados Unidos, es obligatorio esterilizar a las perras que sufren de sarna demodécica.
Cuando las lesiones se localizan en las patas, pudiendo afectar los espacios interdigitales, la zona plantar o cualquier parte de la piel que cubre las patas, la sarna demodécica se denomina pododemodicosis. Generalmente la infección que se produce en la zona es muy profunda y el animal manifiesta dolor al caminar. Quizá sea la forma de sarna más grave y difícil de tratar.
Y por último nos encontramos el ácaro otodectes, con un tamaño algo mayor que los otros y viven en la oreja del animal. Son muy frecuentes en gatos y se alimentan de sangre, cera y de las secreciones producidas por la inflamación que provocan, tanto de la piel (dermatitis) como del oído (otitis). El picor que provocan hace que el animal se sacuda tanto que se cause lesiones y hematomas por traumatismos
Para terminar resumiremos las medidas que debemos tomar ante un caso de sarna. En primer lugar y ante los primeros síntomas se debe establecer un tratamiento inmediato que evite que se propague la enfermedad al resto de animales. El veterinario valorará el tipo de tratamiento que se usará y la duración del mismo, según el tipo de sarna, de la respuesta al tratamiento y del estado de salud del animal
El tratamiento que se aplique debe ir enfocado a conseguir dos objetivos. Por una lado, que el producto antiparasitario que se aplique elimine el ácaro, y por otro que se favorezca la regeneración de la piel lesionada. El animal al que se le detecte la sarna ha de ser aislado para evitar el contagio del resto, y es importante aplicar productos acaricidas en el hábitat del animal infectado.

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