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CENTRO VETERINARIO LA ESTRELLA

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C/REAL, 76, MIGUELTURRA

lunes, 23 de marzo de 2009

LEISHMANIOSIS CANINA






La leishmaniosis es una enfermedad propia de climas cálidos que se transmite a través la picadura de un mosquito. Este factor determina que a muchos de nuestros clientes les cree confusión con otra enfermedad transmitida del mismo modo, la llamada filariosis o más conocida como el “gusano del corazón”. Sin embargo ésta desarrolla una sintomatología más concreta, con afecciones principalmente cardíacas. Y sobre todo es fácil de prevenir con un simple comprimido de un fármaco denominado ivermectina. Sin embargo la leishmaniosis, como veremos a continuación, es mucho más compleja.
Afecta tanto a machos como a hembras y no tiene mayor incidencia en unas especies que en otras. En algún estudio se ha detectado una mayor prevalencia en ciertas razas de perros de caza o razas de mayor tamaño, pero se ha llegado a la conclusión de que se debe a que son razas más expuestas al insecto vector que otras que habitan en un ambiente más doméstico y suelen ser razas de menor tamaño. Un factor que sí parece decisivo es la edad ya que en los estudios realizados si se observa que aumenta la prevalencia de la enfermedad hasta llegar al máximo a los 2 ó 3 años y luego va disminuyendo según avanza la edad, aunque a los 7 u 8 años vuelve a aumentar la incidencia de la enfermedad. Por eso estas dos etapas de la vida de un perro son las más susceptibles para que contraiga la leishmaniosis. El agente que provoca la enfermedad no es un parásito como en el caso de la filariosis que está provocada por un gusano y muy fácil de atacar farmacológicamente. Y tampoco es una bacteria por lo que no se puede combatir con antibióticos. Se trata de un protozoo que es un microorganismo unicelular mucho más complejo que las bacterias y más difíciles de combatir. De hecho, enfermedades tan graves como la malaria o la enfermedad del sueño están producidas por protozoos. Es transmitida por un mosquito llamado flebótomo, comúnmente conocido como “beatillas”, mucho más pequeño que los mosquitos que vemos normalmente durante las épocas estivales. No es nada fácil verlo, y tampoco oírlo, dado que no hace el típico zumbido al volar. Solamente pican las hembras, que necesitan sangre para desarrollar los huevos. Los machos se alimentan de azúcares y plantas. A diferencia de lo que se suele cree no hay más flebótomos en zonas acuáticas ya que no se reproduce en charcas o aguas estancadas sino en materia orgánica almacenada.
Cuando ese mosquito introduce su aparato chupador en un capilar de la piel del perro al que está picando el parásito se introduce en el mismo, pero sólo si antes había picado a otro perro infectado, ya que de lo contrario el mosquito no está infectado y no transmite la enfermedad. El parásito se transforma en el interior del mosquito en el que permanece entre 4 y 25 días. Es muy importante dejar claro que esta enfermedad no se transmite por contacto directo, secreciones (saliva, etc), heridas, orina ni heces.

Una vez introducido en la sangre a través de la probóscide del mosquito, la forma de diseminación de la enfermedad es por vía linfohematógena, es decir, a través del sistema linfático y del torrente circulatorio. Por eso es capaz de llegar a todos los órganos y tejidos lo que conlleva la enorme variedad de sintomatología que puede desarrollar esta enfermedad
El éxito o fracaso de la diseminación de la enfermedad con sintomatología clínica depende principalmente del sistema inmune del animal infectado, que si es potente puede eliminar por sí mismo al parásito o controlarlo en el interior de su organismo impidiendo la manifestación de los síntomas. Cuando el sistema inmune no es capaz de controlarlo comienza la diseminación por los órganos como piel o uñas, sangre, ojos, músculos, riñones, hígado, etc. De estas localizaciones dependen los síntomas clínicos que pueden ser dermatitis, piel seca, caspa, ulceraciones en la piel de difícil cicatrización, crecimiento excesivo de las uñas, apatía, debilidad, adelgazamiento progresivo, atrofias musculares, pérdida de pelo en zonas concretas como alrededor de los ojos (por lo que también se conoce a este síntoma la “cara de payaso” de la leishmaniosis por el aspecto que da al animal este tipo de alopecias), conjuntivitis, hemorragias nasales asociadas con la inflamación y ulceración de la mucosa nasal, alteraciones renales y hepáticas, etc.
El diagnóstico es bastante eficaz usando los medios adecuados. La sintomatología no es suficiente para su diagnóstico debido a su variedad como hemos visto y por su similitud a otras patologías como diversas dermatitis, hongos, ácaros, foliculitis bacteriana, etc. Aunque el conjunto de síntomas dan una idea bastante clara de la existencia de la enfermedad hay que confirmarla mediante pruebas laboratoriales, algunas de ellas de gran fiabilidad. También se pueden realizar métodos parasitológicos para detección del protozoo
El tratamiento de la leishmaniasis canina es difícil. Los fármacos usados son caros y todos requieren regímenes de varias dosis, lo que supone numerosas molestias tanto para los dueños como para el paciente. Consisten en comprimidos de alopurinol, así como en compuestos antimoniales (glucantime), que se aplican según prescripción del veterinario, que adaptará el tratamiento a las necesidades de cada caso concreto. El problema de estos fármacos es que presentan efectos secundarios adversos de consideración. Se deben hacer controles periódicos 2 o 3 veces al año, para ver la evolución de la enfermedad y detectar posibles recaídas, en cuyo caso se tiene que repetir el tratamiento. Recientemente ha aparecido en el mercado un nuevo fármaco que reduce enormemente los efectos secundarios.

No hay cura parasitológica para la enfermedad, sólo podemos resolver los síntomas clínicos. Es decir que tras el tratamiento el animal mejorará ostensiblemente pero con el tiempo aparece de nuevo (de hecho hay países que incluso no permiten el tratamiento de la enfermedad obligando al sacrificio del animal), aunque también hay que señalar que puede tardar muchos años en volver a aparecer si la respuesta al tratamiento ha sido positiva.
También es importante determinar la condición del paciente, puesto que ésta es la que nos permitirá considerar si las probabilidades de éxito del tratamiento son cuanto menos razonables. Además el tratamiento tiene más éxito si se inicia en las primeras fases de la enfermedad, de ahí la importancia de los controles serológicos periódicos, o al menos, acudir al veterinario ante las primeras sospecha de aparición de la enfermedad.

Con respecto a la prevención de la leishmaniosis hay que destacar en primer lugar que aunque se está investigando, aún no existe una vacuna eficaz contra ella por lo que las medidas preventivas que apliquemos son las únicas armas con las que contamos para prevenir la enfermedad. El mosquito vive en primavera y verano, e incluso en otoño si éste es cálido, siendo especialmente activo en el crepúsculo y al amanecer, y durante la noche. Por lo tanto, se recomienda no sacar al animal a la intemperie durante esos momentos y que duerma en el interior; además de aplicar durante esas épocas productos repelentes e insecticidas con la frecuencia y las dosis que recomiende el veterinario
Una forma bastante efectiva de control, donde los perros se saben reservorios, es prevenir la picadura de los flebotomos colocando a los perros collares impregnados con sustancias insecticidas que se liberan de forma prolongada. También comienzan a salir al mercado otros antiparasitasrios externos en forma de pipetas que contienen repelentes del flebótomo. Éste combinado con un buen programa público debería ser un método altamente efectivo.
Si un perro no recibe ninguna protección, el riesgo de contraer la leishmanisois varía entre un 3% y un 18%. El riesgo siempre aumenta si el animal permanece más en zonas rurales y periurbanas, en zonas más cálidas y si permanece en el exterior en los momentos de máxima actividad del vector, es decir al anochecer y al amanecer.


Igualmente es aconsejable que cada año en otoño-invierno se realice al animal una prueba específica para la detección de esta enfermedad, ya que el tratamiento es más efectivo si se diagnostica pronto

Una pregunta recurrente en los propietarios de un animal con leishmaniosis es si existe riesgo de contagio a las personas que conviven con él. Pues bien, aunque la leishmaniosis es una zoonosis, es decir, que está dentro del grupo de enfermedades transmisibles al hombre podríamos decir que el riesgo de contagio ya existe por el hecho de vivir en una zona endémica de Leishmaniosis, o sea una zona donde la enfermedad es de aparición frecuente todos los años. Por lo que recalcamos que no hay mayor riesgo al vivir con un perro enfermo, incluso estando en contacto con su sangre a través de una herida o de pincharnos con una aguja con su sangre, porque recordemos que se necesita que el parásito que está en esa sangre, permanezca y madure de 4 a 25 días en el mosquito para así adquirir capacidad infestante. De hecho, ni siquiera se transmite a través del útero, ni por la leche, así que los cachorros de una perra enferma nacerán sanos. De todas formas se desaconseja la reproducción en los animales enfermos, ya que el gasto orgánico y el stress de una gestación y lactación normalmente llevan a un empeoramiento del estado de la perra y a la aparición de nuevas lesiones y síntomas. La leishmaniosis es una enfermedad propia de climas cálidos que se transmite a través la picadura de un mosquito. Este factor determina que a muchos de nuestros clientes les cree confusión con otra enfermedad transmitida del mismo modo, la llamada filariosis o más conocida como el “gusano del corazón”. Sin embargo ésta desarrolla una sintomatología más concreta, con afecciones principalmente cardíacas. Y sobre todo es fácil de prevenir con un simple comprimido de un fármaco denominado ivermectina. Sin embargo la leishmaniosis, como veremos a continuación, es mucho más compleja.
Afecta tanto a machos como a hembras y no tiene mayor incidencia en unas especies que en otras. En algún estudio se ha detectado una mayor prevalencia en ciertas razas de perros de caza o razas de mayor tamaño, pero se ha llegado a la conclusión de que se debe a que son razas más expuestas al insecto vector que otras que habitan en un ambiente más doméstico y suelen ser razas de menor tamaño. Un factor que sí parece decisivo es la edad ya que en los estudios realizados si se observa que aumenta la prevalencia de la enfermedad hasta llegar al máximo a los 2 ó 3 años y luego va disminuyendo según avanza la edad, aunque a los 7 u 8 años vuelve a aumentar la incidencia de la enfermedad. Por eso estas dos etapas de la vida de un perro son las más susceptibles para que contraiga la leishmaniosis. El agente que provoca la enfermedad no es un parásito como en el caso de la filariosis que está provocada por un gusano y muy fácil de atacar farmacológicamente. Y tampoco es una bacteria por lo que no se puede combatir con antibióticos. Se trata de un protozoo que es un microorganismo unicelular mucho más complejo que las bacterias y más difíciles de combatir. De hecho, enfermedades tan graves como la malaria o la enfermedad del sueño están producidas por protozoos. Es transmitida por un mosquito llamado flebótomo, comúnmente conocido como “beatillas”, mucho más pequeño que los mosquitos que vemos normalmente durante las épocas estivales. No es nada fácil verlo, y tampoco oírlo, dado que no hace el típico zumbido al volar. Solamente pican las hembras, que necesitan sangre para desarrollar los huevos. Los machos se alimentan de azúcares y plantas. A diferencia de lo que se suele cree no hay más flebótomos en zonas acuáticas ya que no se reproduce en charcas o aguas estancadas sino en materia orgánica almacenada.
Cuando ese mosquito introduce su aparato chupador en un capilar de la piel del perro al que está picando el parásito se introduce en el mismo, pero sólo si antes había picado a otro perro infectado, ya que de lo contrario el mosquito no está infectado y no transmite la enfermedad. El parásito se transforma en el interior del mosquito en el que permanece entre 4 y 25 días. Es muy importante dejar claro que esta enfermedad no se transmite por contacto directo, secreciones (saliva, etc), heridas, orina ni heces.

Una vez introducido en la sangre a través de la probóscide del mosquito, la forma de diseminación de la enfermedad es por vía linfohematógena, es decir, a través del sistema linfático y del torrente circulatorio. Por eso es capaz de llegar a todos los órganos y tejidos lo que conlleva la enorme variedad de sintomatología que puede desarrollar esta enfermedad
El éxito o fracaso de la diseminación de la enfermedad con sintomatología clínica depende principalmente del sistema inmune del animal infectado, que si es potente puede eliminar por sí mismo al parásito o controlarlo en el interior de su organismo impidiendo la manifestación de los síntomas. Cuando el sistema inmune no es capaz de controlarlo comienza la diseminación por los órganos como piel o uñas, sangre, ojos, músculos, riñones, hígado, etc. De estas localizaciones dependen los síntomas clínicos que pueden ser dermatitis, piel seca, caspa, ulceraciones en la piel de difícil cicatrización, crecimiento excesivo de las uñas, apatía, debilidad, adelgazamiento progresivo, atrofias musculares, pérdida de pelo en zonas concretas como alrededor de los ojos (por lo que también se conoce a este síntoma la “cara de payaso” de la leishmaniosis por el aspecto que da al animal este tipo de alopecias), conjuntivitis, hemorragias nasales asociadas con la inflamación y ulceración de la mucosa nasal, alteraciones renales y hepáticas, etc.
El diagnóstico es bastante eficaz usando los medios adecuados. La sintomatología no es suficiente para su diagnóstico debido a su variedad como hemos visto y por su similitud a otras patologías como diversas dermatitis, hongos, ácaros, foliculitis bacteriana, etc. Aunque el conjunto de síntomas dan una idea bastante clara de la existencia de la enfermedad hay que confirmarla mediante pruebas laboratoriales, algunas de ellas de gran fiabilidad. También se pueden realizar métodos parasitológicos para detección del protozoo
El tratamiento de la leishmaniasis canina es difícil. Los fármacos usados son caros y todos requieren regímenes de varias dosis, lo que supone numerosas molestias tanto para los dueños como para el paciente. Consisten en comprimidos de alopurinol, así como en compuestos antimoniales (glucantime), que se aplican según prescripción del veterinario, que adaptará el tratamiento a las necesidades de cada caso concreto. El problema de estos fármacos es que presentan efectos secundarios adversos de consideración. Se deben hacer controles periódicos 2 o 3 veces al año, para ver la evolución de la enfermedad y detectar posibles recaídas, en cuyo caso se tiene que repetir el tratamiento. Recientemente ha aparecido en el mercado un nuevo fármaco que reduce enormemente los efectos secundarios.
No hay cura parasitológica para la enfermedad, sólo podemos resolver los síntomas clínicos. Es decir que tras el tratamiento el animal mejorará ostensiblemente pero con el tiempo aparece de nuevo (de hecho hay países que incluso no permiten el tratamiento de la enfermedad obligando al sacrificio del animal), aunque también hay que señalar que puede tardar muchos años en volver a aparecer si la respuesta al tratamiento ha sido positiva.
También es importante determinar la condición del paciente, puesto que ésta es la que nos permitirá considerar si las probabilidades de éxito del tratamiento son cuanto menos razonables. Además el tratamiento tiene más éxito si se inicia en las primeras fases de la enfermedad, de ahí la importancia de los controles serológicos periódicos, o al menos, acudir al veterinario ante las primeras sospecha de aparición de la enfermedad.

Con respecto a la prevención de la leishmaniosis hay que destacar en primer lugar que aunque se está investigando, aún no existe una vacuna eficaz contra ella por lo que las medidas preventivas que apliquemos son las únicas armas con las que contamos para prevenir la enfermedad. El mosquito vive en primavera y verano, e incluso en otoño si éste es cálido, siendo especialmente activo en el crepúsculo y al amanecer, y durante la noche. Por lo tanto, se recomienda no sacar al animal a la intemperie durante esos momentos y que duerma en el interior; además de aplicar durante esas épocas productos repelentes e insecticidas con la frecuencia y las dosis que recomiende el veterinario
Una forma bastante efectiva de control, donde los perros se saben reservorios, es prevenir la picadura de los flebotomos colocando a los perros collares impregnados con sustancias insecticidas que se liberan de forma prolongada. También comienzan a salir al mercado otros antiparasitasrios externos en forma de pipetas que contienen repelentes del flebótomo. Éste combinado con un buen programa público debería ser un método altamente efectivo.
Si un perro no recibe ninguna protección, el riesgo de contraer la leishmanisois varía entre un 3% y un 18%. El riesgo siempre aumenta si el animal permanece más en zonas rurales y periurbanas, en zonas más cálidas y si permanece en el exterior en los momentos de máxima actividad del vector, es decir al anochecer y al amanecer.

Igualmente es aconsejable que cada año en otoño-invierno se realice al animal una prueba específica para la detección de esta enfermedad, ya que el tratamiento es más efectivo si se diagnostica pronto

Una pregunta recurrente en los propietarios de un animal con leishmaniosis es si existe riesgo de contagio a las personas que conviven con él. Pues bien, aunque la leishmaniosis es una zoonosis, es decir, que está dentro del grupo de enfermedades transmisibles al hombre podríamos decir que el riesgo de contagio ya existe por el hecho de vivir en una zona endémica de Leishmaniosis, o sea una zona donde la enfermedad es de aparición frecuente todos los años. Por lo que recalcamos que no hay mayor riesgo al vivir con un perro enfermo, incluso estando en contacto con su sangre a través de una herida o de pincharnos con una aguja con su sangre, porque recordemos que se necesita que el parásito que está en esa sangre, permanezca y madure de 4 a 25 días en el mosquito para así adquirir capacidad infestante. De hecho, ni siquiera se transmite a través del útero, ni por la leche, así que los cachorros de una perra enferma nacerán sanos. De todas formas se desaconseja la reproducción en los animales enfermos, ya que el gasto orgánico y el stress de una gestación y lactación normalmente llevan a un empeoramiento del estado de la perra y a la aparición de nuevas lesiones y síntomas.

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